La noche de los fantasmas

El mundo está lleno de fantasmas que se esconden tras fachadas de cordialidad, optimismo, compañerismo o individualidad. Durante el día siguen el papel que eligen interpretar: unos soportan la carga de los problemas ajenos con una sonrisa y otros optan por dejarse llevar por excusas para no pensar... pero al caer la noche, ambos se abandonan a su verdadero ser, amparados en la soledad y la quietud que esta les brinda: los unos se derrumban y los otros son golpeados por su conciencia.

martes, 27 de septiembre de 2011

A contracorriente

"¿Hasta cuándo se puede ir a contracorriente?" Cada vez pesaba más. No sólo le salía todo mal, sino que nadie era capaz de comprender lo que pasaba por su cabeza. "¿Tan difícil es sentir un poco de empatía? Ya ni siquiera eso. ¿Es que no se puede hacer caso de lo que diga en lo que refiere a mis asuntos? No necesito compasión, no necesito palabras de consuelo, no necesito miradas indecisas sobre mi cabeza. Lo que necesito es que dejéis de decir que todo saldrá bien porque sé que no pasará, o al menos no porque lo digáis mil veces", pensaba. No sólo le salía todo mal, sino que además sabía que era inútil luchar contra los efectos que provocaba a su alrededor.

-De verdad... mamá/papá/herman@/prim@/tí@... te lo explicaré y repetiré las veces que hagan falta, pero sólo escúchame...
+Si yo te escucho, pero no es eso ("en realidad, sí es eso, pero lo negaré porque soy mayor que tú y no tienes la madurez que yo, por muy irónico que parezca"), lo que yo quiero decir...
-No, déjame terminar. Lo único que quiero es que me dejéis en paz. Nada de alegrías; nada de sonrisas de felicidad, como si todo estuviese hecho; nada de publicarlo por ahí ni de hacer planes de futuro, ni castillos en el aire. Si quieres ponte triste si las noticias no son esperanzadoras, porque eso podré soportarlo, pero nada más.
+Vale, sí. Lo que tú digas, si yo te entiendo. Venga, explícame lo de ____ una última vez, que es que se me olvida.

Y nada... no sirve de nada repetir la explicación una y otra vez con cada variable en el tiempo, por muy esquematizada y resumida que esté. Y si no sirve de nada eso, tampoco sirve (como es normal) que tu interlocutor se ponga en tu pellejo y haga caso de tu petición. El interlocutor en cuestión también lo está pasando mal, y por tanto lo dice y no tiene por qué ocultarlo, orgulloso de su opinión. Porque "también lo está pasando mal" (aunque su papel en la historia sea secundario en el mejor de los casos, ya que el joven es el que vivirá con las consecuencias, para bien o para mal. No el sujeto que "también se siente mal"). Y claro, el joven se siente desfallecer, porque, ¿qué va a hacer? ¿qué va a decir? Cualquier cosa que haga o diga podrá ser y será utilizada en su contra, pues que el efecto en su interlocutor no será bueno, y la estúpida conversación sin salida acabará desembocando en otra sobre sentimientos, y el joven resolverá que la mejor respuesta es la misma que antes del desvío: Callar, sumiso, ante la acometida; sacrificar su salud mental en favor de la de su interlocutor, le tenga aprecio o no, en función del caso. ¿Hasta cuándo se puede ir a contracorriente, soportando el embate de las cascadas y la fuerza de los rápidos? Llega un momento en el que el joven está desgastado, pero sabe que diga lo que diga, nadie podrá cambiar su forma de ser, hacerle caso, y así ayudarlo a continuar. Llega un momento en el que se deja arrastrar por el brazo de la Madre Naturaleza. Llega un momento en el que desfallece sin remedio.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Eternal Flame

Bingo. En mi caso he conseguido lo que me propuse después de mucho tiempo. Rescatar de ese baúl lleno de polvo y telarañas que es mi mente rebosante y desperdiciada esta pieza que para mí tiene un significado especial. La primera vez que la escuché no tendría más de 5 años. Y sin saber más que una vaga idea de la melodía que aún hoy intenta desvanecerse como agua de rocío, sin título ni autor/a, sin nada, un día después de más de una década se escuchan los ecos en la memoria, y tal fue mi obsesión por encontrarla que lo he conseguido. "El que busca, encuentra", dijo San Agustín, y no le faltaba razón. Sólo es necesario el empeño necesario, aunque a veces no necesitas hacer nada más que seguir la estela que se te traza. Como en este caso.
Lo cierto es que la obsesión por encontrar no es algo nuevo en mí, ya que me ha pasado en más ocasiones con temas bien distintos, pero esta canción me recuerda a otras canciones. Es especial, y al mismo tiempo evoca otro tiempo, pero es como todas aquellas canciones que me encantaban y no entendía, y cuando aprendí lo suficiente para hacerlo, me di cuenta de que explicaban lo que sentía en ese preciso momento de sana curiosidad. Puede que no haya magia en esto ni en nada, pero cuando te embargan las sensaciones y los sentimientos, de vez en cuando no viene mal un poco de estupidez para dejarse llevar.

Incoherencias

Hoy estaba pensando en la necesidad de las personas de relacionarse con otras personas y las incoherencias de los que dirían "yo no sigo al resto, me da igual lo que hagan los demás y piensen o digan de mí". Ejemplos:
-En las páginas de corte "tenía que decirlo.TQD", la gente no deja de poner comentarios más o menos ingeniosos y de tono más o menos serio. ¿En serio sirve de algo intentar (que no conseguirlo) que te publiquen una entrada si no es para aumentar tu ego?
-En el instituto, no deja de ser interesante ver cómo los diferentes grupos de pijas tontas se pisotean entre sí pero hacen el papel de amiguísimas "osea", o de algun/a que otro/a chico/a que vive por y para las redes sociales, por y para lo que dicen y piensan los demás, y hace cosas que no le gustan sólo para parecer.
-En mi propia casa (y en la de cualquiera, en realidad) existe siempre una persona en función de los que estemos, que se dedica a comentar cual periodista deportivo en un partido de liga las noticias de A3 con "hay que tener poca vergüenza...", "dios... qué fuerte lo que ha pasado, dios" o "¡madre mía!" acompañados de sus respectivas muecas de asco, pena, perplejidad, etc., siempre con exagerado entusiasmo (ni que decir tiene que jamás se le pide opinión, porque no es necesario resaltar lo obvio).

Mi respuesta a todas aquellas personas así. Si piensas de una forma, actúa en base a tus ideas; si tienes algo que decir, díselo a quien tengas que decírselo o piénsalo para tus adentros, o consúltalo con un amigo (o crea una entrada en un blog propio xd); si tienes necesitas de la hipocresía para ser feliz, tal vez deberías replantearte cuál es la felicidad, y si vale la pena; y si sientes cosas reales respecto a hechos presentes, no actúes como si fueras la única persona en ese momento que piensa lo que piensas, y si no, al menos ten la inteligencia suficiente como para no dejarte en evidencia. Excusatio non petita acusatio manifesta.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Suspirar y seguir adelante.

Y se hizo el silencio. Ha terminado de hablar, de expresar sus sentimientos; sentimientos que te pesan porque tú piensas lo mismo, porque te pasan las mismas cosas. Ha terminado de hablar y espera palabras de consuelo, espera que alivies su carga, que la ayudes a sujetarla, a soportarla. Mientras te mira expectante tu mente trabaja a toda máquina: "¿Le digo que siento lo mismo, que incluso querría llorar pero ya no recuerdo cómo se hacía? ¿Le digo que siento lo mismo pero que no pasa nada, que todo irá bien? ¿Le digo que todo irá bien, sin más? No quiere que le oculte nada, que tengamos secretos. Quiere compartirlo todo, pero lo que a mí me pasa no tiene arreglo. ¿Debo decir que me muero por dentro y no puede ayudarme? ¿Lo soportará? ¿Qué es lo mejor? ¿Qué es más correcto?". Al final decides que después de tantas conversaciones parecidas y tras sopesar los resultados de cada una, lo mejor es sonreír y asentir para tus adentros, colocando la carga en uno de los estantes que queden libres. Entonces consuelas sus ánimos mientras piensas en quién te consolará a ti si no hay nadie a quién contar lo que sientes porque lo único que provocaría es más sufrimiento. Algún sitio donde abandonar temporalmente tanta carga y dejar los tablones de tu interior reposar aliviados. Te das cuenta entonces de que debe haber más personas como tú en el mundo (porque no puedes ser la primera, ni serás la última), y entiendes que hay dos tipos de personas: Las que cargan con el peso de los demás, y el resto. Dejas que el día acabe y mientras la noche se acerca, suspiras, inspiras, y sigues adelante.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Esa canción que te marca

Cada cierto tiempo me ocurre (y lo más seguro que a ti también) algo que no deja de fascinarme, y que mayor efecto alcanza cuantos más años pasan desde la última vez.
¿Nunca te ha pasado que siguiendo tu rutina como un día más, como un día cualquiera en el que nada cambia, de repente hay... algo... "algo" que invade tu mente sin permiso durante una milésima de segundo (una imagen, un sonido, un destello, un olor... algo)  que desaparece tan rápido como llegó, sin casi darte cuenta de lo que ha pasado, pero inconscientemente rebuscas en la memoria para intentar recomponer ese "algo" perdido, y aquí es cuando pueden pasar dos cosas:

1*- Las piezas se entremezclan con otras y la historia termina como empezó, sólo que algo más frustrado. (Y volvemos al inicio del ciclo).

2*- Las piezas se entremezclan con otras pero consigues darle forma a ese "algo", que acaba convirtiéndose en una fotografía con un amigo de la infancia, en una voz que era inolvidable y acabó en el baúl del trastero, en un objeto de colores brillantes sin el que no podías dormir, en una de tus comidas favoritas cuando eras niño... esas cosas que soñabas que no cambiarían nunca y que mantendrías como el primer día en tu cabeza perfectamente amueblada, pero que se escaparon por la puerta de atrás sin hacer ruido. Entonces te pones a pensar en "lo que sea que hayas recordado", disfrutando de la sensación que te inunda. Y llegados a este punto, eliges entre varias opciones:

>>.1- Disfrutas, como digo, de la sensación el tiempo que consideras oportuno, y luego no piensas más en ello, como quien se arrepiente y suelta el pez que acaba de pescar... como si te embargara más la sensación del reencuentro con esa parte de ti que se fue, que con el hecho de recuperarlo. Y te despides hasta la próxima vez (y de aquí volvemos al inicio).

>>.2- O bien disfrutas, y anotas alguna palabra clave para guardarlo en el "anuario", en el álbum que siempre llevas contigo y no perderlo de nuevo.

En lo que a mi respecta, esta mañana se me cruzó un fragmento de segundos de una melodía de la que no tenía ninguna referencia, puesto que no es que no recordara la canción o el grupo, sino que la única vez que la escuché, incompleta, fue en una cena de hotel con grupo. Y así me puse a intentar recomponerla... pero para mi desgracia no fui capaz.
Sin embargo, esa voz me dio la pista de otra canción que me inspira otras tantas cosas, y que a pesar de haber pasado menos tiempo con esta, he dado con el premio de consolación, que  es más de lo que parecía posible. Esta la dejaré aquí para no olvidarla mientras sigo la pista de esa voz tan parecida y a la vez tan lejana, en todos los aspectos. Son una de esas pequeñas cosas que alegran a uno en tiempos difíciles. En mi caso, esa canción que te marca sin saberlo. Sin saberlo.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Las estrellas no lloran

Esta noche es especial. Esta noche las estrellas dominan el cielo, vigilando cada rincón del universo, bañando con dulzura el espacio que nos separa. Lo de dulce no es por nada concreto, o igual sí. Como dije, el mundo sigue girando, y las estrellas no son espectadores, sino pequeños faroles que nos guían en la oscuridad y traen consigo presente, pasado y futuro.

Todo está en las estrellas, pero no de la forma en que lo entiende un farsante oportunista, sino de la manera más hermosa que se puede imaginar: las estrellas nos crían, nos dan el calor y la vida, y nos enseñan y muestran lo que podemos llegar a ser y hasta dónde podemos viajar, porque el único límite lo marca la primera luz que surcó los confines de la realidad, la misma que regresa para que podamos ver las maravillas que ella ya ha contemplado y que se esconden en lo más profundo de nuestro mundo, por lejos que estén.

Las estrellas no tienen sentimientos, pero es como si los necesitasen, como si existieran para ellos, sin ser capaces de alcanzarlos, y nos utilizan para alimentarnos de la belleza que ellas no pueden apreciar.

Y sentirían rabia si supieran que de los sentimientos que tanto ansían, nosotros sólo usamos los que nos mueven a intereses vanos y banales; que de todos los que somos, muy pocos somos como ellas querrían ser; pocos los que valoran lo que ven. Y llorarían si pudieran, pero no lo hacen. Porque no pueden. Porque las estrellas no sienten. Porque las estrellas no lloran.

jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Juegas?

El mundo gira a nuestro alrededor, implacable. Miles de situaciones diferentes ocurren ante nuestros ojos, buenas o malas, mejores o peores. Unos prosperan, otros caen y entre ambos se nace y se muere... y así durante... ¿cuánto tiempo? ¿dos años, dos mil, cuatro mil, cuatro millones?. La pregunta más obvia es: ¿Y qué?

A todos se nos abandona en un lugar u otro, se nos arroja a un mundo cruel bajo una única elección: ¿juegas o no juegas? Porque, ¿qué es la vida sino un juego? Se nos da la oportunidad y el momento, se nos enseñan las reglas o, si no, las aprendemos mediante las herramientas que tenemos. Los sentidos. Pero esa elección está envenenada, pues la alternativa al juego es la salida de él. O conmigo o contra mí. Y, como en cualquier juego, se retiran las piezas del tablero. El caso está en que somos las piezas y salir del juego implica la posibilidad de no saber cómo transcurre este sin nosotros. Y la sola duda nos impide actuar con libertad. Una pista sería pensar que si estamos aquí, si hemos empezado el juego, es porque hemos aceptado en un principio de las reglas a sabiendas, como quien quiere sumergirse en la más radical realidad virtual jamás creada con el único requisito para participar de una amnesia temporal durante todo el tiempo que dure la inmersión. Tal vez por eso mismo, si alguien se plantea la rendición, su salida, le costará tanto que no lo conseguirá por sí solo/a, y sólo con ayuda de atajos.

Como alguien dijo una vez, "las cosas pueden hacerse por temor o por amor", dos sentimientos contradictorios, pero que siguen el mismo camino. El segundo significa tu total entrega al juego; el primero te cohíbe y te encierra, poniendo el piloto automático para que al menos observes desde dentro la partida... la verdad es que todo tiene sentido y al mismo tiempo carece de él. Todo lo que existe nos demuestra que debe haber una finalidad, un significado oculto con bondad o con malicia, y al mismo tiempo todo lo que vemos provoca en nuestro interior sentimientos contradictorios.

Todo esto podría sonarle a cualquiera a cuento chino, y quizá lo sea. Quizá sólo sean los delirios de una mente desquiciada por intentar entender cosas que están lejos de su alcance. En cualquier caso, yo creo que la verdad de todo, es que hagamos lo que hagamos, el mundo seguirá girando, indiferente ante nuestros embates, ante nuestras súplicas para que pare a explicarnos qué demonios pasa. El mundo sigue girando. ¿Juegas...?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La noche de los fantasmas

No veo entrada más conveniente que esta para inaugurar el blog, pues con ella se entiende el por qué de su creación, y mi implicación en cada una de las palabras escritas:
Quizá esta sea una realidad cuya existencia la mayoría acepte sin rechistar, aunque sin identificarse con ella o admitirla públicamente, pero eso es lo de menos. ¿Qué es la "noche de los fantasmas" sino el instante a partir del cual los trances más oscuros de cada día, de cada mes, de cada año, de cada vida... aparecen ante nuestros ojos para manifestarse, para recordarnos que fueron reales y atormentarnos con la indecisión sobre la manera de proceder ante ellos? La conciencia de cada uno es su propio fantasma, pero más que fantasma es el ente que trae consigo los pequeños (o grandes) fantasmas de nuestro pasado, lejano o reciente, y pocas personas reconocen lo que son en realidad, lo que piensan cuando nadie los observa, en el momento antes de abrazar el sueño para huir de las pesadillas de la vida. Pocos son los que, viendo el fondo del pozo de su alma, se incluirían abiertamente con sinceridad en la realidad que señalo (cada uno debe afrontar sus fantasmas en solitario, aunque la forma de abordarlos afecte a su alrededor). 
Es más, yo no dejaría salir al fantasma de mi cuerpo si no fuese porque el simple hecho de plasmar mis terrores e inquietudes en un blog en Internet despersonaliza en mayor o menor medida a quien escribe y facilita una disociación de su personalidad.
A mí en concreto me atormentan tantas cosas que no puedo pensar con claridad y la noche me ha traído desde hace años más fantasmas de los que puedo recordar, sintetizándolo todo en una pregunta recurrente... ¿por qué...? ¿por qué...? ¿por qué...? ¿POR QUÉ...?
Lo peor de pensar y replantearse las cosas que te vienen dadas no es la dificultad que puedes encontrar para romper con ellas, con la tradición impuesta, sino saber que no puedes volver a la situación anterior y el miedo de que, aún habiendo una posibilidad para retroceder, tendrías que renunciar al conocimiento adquirido. Es como vivir al pie de una montaña escarpada a la que está prohibido el acceso... pero un día te atreves y consigues llegar a la cima tras mucho esfuerzo, pero cuando lo consigues, lo que ves no te gusta, y no puedes volver a bajar sin riesgo de caerte y sufrir una fuerte conmoción (y amnesia, supongamos, en caso de sobrevivir), pero la perspectiva de quedarte ahí implica soledad el tiempo que permanezcas en la cima... son cosas difíciles de explicar... difíciles de explicar y más difícil de entender.
Intentas entender el mundo, pero no tienes medios suficientes para ello. Cuando los tienes, descubres que no sólo existe tu mundo, sino que teóricamente hay tantos que empiezan y terminan en el infinito, lo que ya de por sí hace imposible la tarea inicial. Intentas entender a las personas, pero no tienes suficiente experiencia para juzgar a unas y otras, y cuando tienes suficiente criterio te das cuenta de que las personas son lo de menos, y que lo más probable es que nadie pueda actuar libremente, sino que la red de variables es tal y tan enorme que provoca esa sensación.
Piensas unas cosas, luego otras, y acabas en el extremo opuesto, y por último te planteas si lo tercero tenía más sentido que lo segundo, y terminas como empezaste.
Piensas en tantas ideas diferentes que acabas en las únicas preguntas que nadie podrá responder por mucho tiempo que pase: ¿qué sentido tiene la vida y la consciencia? ¿qué sentido tiene la capacidad de razonar? Y entonces te haces la pregunta definitiva, la recurrente: ¿por qué no puedo dejar de pensar?
Así empiezan y acaban todos mis días, y poco a poco aumenta el tiempo que dejo de ser quien todos creen que soy, cuando el Fantasma de la Medianoche hace su aparición y lo oscurece todo.