Quizá esta sea una realidad cuya existencia la mayoría acepte sin rechistar, aunque sin identificarse con ella o admitirla públicamente, pero eso es lo de menos. ¿Qué es la "noche de los fantasmas" sino el instante a partir del cual los trances más oscuros de cada día, de cada mes, de cada año, de cada vida... aparecen ante nuestros ojos para manifestarse, para recordarnos que fueron reales y atormentarnos con la indecisión sobre la manera de proceder ante ellos? La conciencia de cada uno es su propio fantasma, pero más que fantasma es el ente que trae consigo los pequeños (o grandes) fantasmas de nuestro pasado, lejano o reciente, y pocas personas reconocen lo que son en realidad, lo que piensan cuando nadie los observa, en el momento antes de abrazar el sueño para huir de las pesadillas de la vida. Pocos son los que, viendo el fondo del pozo de su alma, se incluirían abiertamente con sinceridad en la realidad que señalo (cada uno debe afrontar sus fantasmas en solitario, aunque la forma de abordarlos afecte a su alrededor).
Es más, yo no dejaría salir al fantasma de mi cuerpo si no fuese porque el simple hecho de plasmar mis terrores e inquietudes en un blog en Internet despersonaliza en mayor o menor medida a quien escribe y facilita una disociación de su personalidad.A mí en concreto me atormentan tantas cosas que no puedo pensar con claridad y la noche me ha traído desde hace años más fantasmas de los que puedo recordar, sintetizándolo todo en una pregunta recurrente... ¿por qué...? ¿por qué...? ¿por qué...? ¿POR QUÉ...?
Lo peor de pensar y replantearse las cosas que te vienen dadas no es la dificultad que puedes encontrar para romper con ellas, con la tradición impuesta, sino saber que no puedes volver a la situación anterior y el miedo de que, aún habiendo una posibilidad para retroceder, tendrías que renunciar al conocimiento adquirido. Es como vivir al pie de una montaña escarpada a la que está prohibido el acceso... pero un día te atreves y consigues llegar a la cima tras mucho esfuerzo, pero cuando lo consigues, lo que ves no te gusta, y no puedes volver a bajar sin riesgo de caerte y sufrir una fuerte conmoción (y amnesia, supongamos, en caso de sobrevivir), pero la perspectiva de quedarte ahí implica soledad el tiempo que permanezcas en la cima... son cosas difíciles de explicar... difíciles de explicar y más difícil de entender.
Intentas entender el mundo, pero no tienes medios suficientes para ello. Cuando los tienes, descubres que no sólo existe tu mundo, sino que teóricamente hay tantos que empiezan y terminan en el infinito, lo que ya de por sí hace imposible la tarea inicial. Intentas entender a las personas, pero no tienes suficiente experiencia para juzgar a unas y otras, y cuando tienes suficiente criterio te das cuenta de que las personas son lo de menos, y que lo más probable es que nadie pueda actuar libremente, sino que la red de variables es tal y tan enorme que provoca esa sensación.
Piensas unas cosas, luego otras, y acabas en el extremo opuesto, y por último te planteas si lo tercero tenía más sentido que lo segundo, y terminas como empezaste.
Piensas en tantas ideas diferentes que acabas en las únicas preguntas que nadie podrá responder por mucho tiempo que pase: ¿qué sentido tiene la vida y la consciencia? ¿qué sentido tiene la capacidad de razonar? Y entonces te haces la pregunta definitiva, la recurrente: ¿por qué no puedo dejar de pensar?
Así empiezan y acaban todos mis días, y poco a poco aumenta el tiempo que dejo de ser quien todos creen que soy, cuando el Fantasma de la Medianoche hace su aparición y lo oscurece todo.
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